"Encuentro por la identidad"
 

Diciembre 2002

Encuentro por la Identidad 7 de Diciembre del 2002
La Casona de los barriletes - Abuelas de plaza de mayo
Conclusiones:

"Acaso lo opuesto al olvido no sea la memoria, sino la justicia".
(Un sobreviviente del nazismo)
Como dicen las Abuelas de Plaza de Mayo, cada vez que encuentran a uno de sus nietos y pueden restituir su identidad, están haciendo justicia; y esto no solo tiene un "efecto" de memoria sobre el resto de la sociedad, aportando retroactivamente a la elaboración colectiva del duelo por esa situación de impunidad no resuelta y a la construcción (re-construcción) de la identidad colectiva, sino que también simboliza cada una de las luchas que individual o colectivamente llevamos adelante en forma cotidiana, para hacer valer nuestros derechos y los de aquellos que no tienen palabra o posibilidad de reclamar por los suyos.
Partiendo desde esta mirada, podemos considerar la crisis de identidad que vive nuestra sociedad, como una crisis de subjetivación, en donde se da un entramado entre aspectos históricos y actuales de los lazos sociales (modos de agrupamiento, procesos de institucionalización, etc.) junto con los dramas singulares de la subjetividad. Todo este proceso a devenido por diversas causas histórico-culturales, en un agotamiento y crisis en la creación de nuevas prácticas y espacios de participación que nos acerquen a los ámbitos de decisión para presionar y conseguir consenso para operar los cambios necesarios; y donde la construcción de poder esté al servicio de la producción de subjetividad.
Si bien desde el psicoanálisis podemos decir que existe una pulsión de muerte (o una contradicción inherente a la estructura del ser humano) tendiente al desinvestimiento libidinal y a la indiferencia con respecto a los que nos pasa como sujetos sociales, lo cual se traduce en organizaciones, discursos, prácticas y funciones sociales instituidas y burocratizadas que tienden solo a perpetuar su mantenimiento y funcionamiento (repetición); también sabemos que en gran medida, esto es porque tales funciones han ido siendo delegadas, a lo largo del tiempo, tanto por acción como por omisión, cuestión que a su vez forma parte del proyecto económico, cultural y político que (globalmente) intenta imponerse.
La producción de subjetividad, está dada por la capacidad del yo de investirse como sujeto y se genera a través de la elaboración de las diversas experiencias que nos toca vivir, restringiendo y acotando de esta manera el campo de la repetición (“recordar y elaborar para no repetir” – Freud).
El desamparo, la indefensión y el horror ante las circunstancias actuales de la realidad social, generan una constante devastación y precariedad de nuestro mundo interno, más aun para quienes han pasado por situaciones traumáticas y o de de-privación en etapas de gran dependencia de sus vínculos primarios. Ante esta situación acuden los modos de defensa más arcaicos que intentan expulsar (hacia un sí mismo disociado y hacia los otros) la constante violencia a que estamos expuestos, generando actos de diversa cualidad de auto y heteroagresión, crueldad e indiferencia ante el sufrimiento; aspectos que se ven convalidados y multiplicados por diferentes soportes ideológicos que estimulan no solo el ocuparse de banalidades, sino que generan en sectores más vulnerables, diversos tipos de fanatismo, procesos de cosificación, anulando las diferencias y la capacidad de discernimiento y empatía.
Ante este estado de cosas, los trabajadores de la salud mental, debemos procurar crear dispositivos que posibiliten la apropiación de recursos simbólicos mediadores que sirvan de herramientas para procesar este complejo conjunto de elementos que conforman nuestra historia colectiva e individual y la realidad actual. Solo a partir de las capturas parciales y fragmentarias de distintos procesos de verdad, (en el sentido de “devenires transformadores” - Guattari) y los aprendizajes sobre nosotros mismos, podemos encontrar un camino hacia la responsabilidad de nuestros actos, pensamientos, deseos, fantasías y fundamentalmente ante el sufrimiento ajeno (solidaridad).

Mural: “identidad”,
realizado junto a los niños del hogar La casona de los Barriletes en ocasión del “Encuentro por la identidad” junto con Abuelas de plaza de Mayo:

En el caso específico de esta experiencia realizada en La Casona de los Barriletes, pienso a la intervención desde el recurso artístico (arte-terapia) enmarcada dentro del contexto de todo el evento, su significado y los aspectos y energías que movilizaron su organización y realización por parte de todos los que participaron.
Como proceso, constituyó un espacio de trabajo que dio la posibilidad de tener una forma de acercamiento desde otro lugar a la información “visible” que circula, en este caso a través del periódico, y en la que niños, jóvenes, familias (también quienes formamos parte de la experiencia) y los derechos de todos, están implicados directa o indirectamente.
Como producción artística, entiendo que alcanza una dimensión que va más allá de cualidades estéticas formales, articulando aspectos pictóricos de la composición con los de contenido (de la información impresa y escrita), que estimulan el acercarse (tanto a leer como escribir algún mensaje o reflexión en torno al tema), como el tomar distancia; cuestión que simboliza de alguna manera la necesidad de implicación para poder abordar la complejidad del tema de la identidad y de que manera “nos toca” a cada uno de nosotros y también las resistencias ante las angustias que moviliza.

Creo que trabajando a lo largo del tiempo con las constantes de un encuadre regular, tanto desde la selección, lectura y análisis crítico de la información, pasando por las diferentes opiniones, intercambios e interpretaciones sobre la misma, junto a los criterios y estrategias empleados para su transformación en una producción de carácter estético que logre simbolizar, condensar, sintetizar, algún aspecto del tema de la identidad u otro en el que tanto los niños y jóvenes del hogar, como los adultos que conviven y trabajan con ellos, se sientan involucrados e identificados; es posible lograr procesos de apropiación y elaboración de acuerdo a las posibilidades y al momento de cada uno, que aporten a la construcción de subjetividad desde una dimensión diferente, a la solidaridad y convivencia del grupo y a los objetivos de la organización.

Lic. MARCELO PRUDENTE


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